sábado, 8 de noviembre de 2025

La Ermita

Buscando una imagen para el recuerdo, lo primero que se me ocurre es La Ermita... ¿por qué será?


Ermita de Ntra. Sra. de Gracia. Paracuellos de la Vega. Cuenca.


ROMANCE DE LA PARDALA... o historia de un atracón por comer higos de pala.

  Era Maruja Pardala
güertana  agreste y bravía,
fuerte brazo y carne prieta;
las piernas a la medía,
justo pa llegar al suelo;

y cuatro palmos arriba,
u sea, a los siete justos,
dos ojos como garbanzos
y tres mechones de arbustos
anudaos en un pañuelo.





Paticorta, lengüilarga,
dispuesta para el trabajo,
lo mismo arranca patatas
que siega cuatro yerbajos
para engordar tres polluelos.

Sabe de cortar limones,
de amasar a los marranos,
y de escardar los bancales
aunque le corten las manos
en el invierno los hielos.

Sabe de mil privaciones,
y sabe de pasar hieles,
pues tiene siete zagales
que comen como lebreles
y miran como mochuelos.

Más de un día se durmiera
sin comer María Pardala
si el Señor de las Güertanas
no llenase las laderas
de ricos higos de pala.

Y trepando por la cuesta
los va cogiendo María
antes de que el sol caliente,
para llenar una cesta
con la comida del día.
Las tripas le van sonando
con tan gran algarabía
que, según coge los higos,
uno a la cesta va echando
y el otro pa la barriga.

 Así cogiendo y comiendo,
“este porque está maduro,
este para los zagales,
este que se está rompiendo,
este está una miaja duro”….

va llenando
a la par barriga y cesta
con los frutos más sabrosos;
y va las hambres matando
y va bajando la cuesta.

Luego en casa, con esmero,
los pone en agua y los barre
para quitarles las pinchas,
que si nó, a los puñeteros,
no hay después quien los agarre.

Después, con mucha paciencia,
uno a uno en la cocina
los frutos va preparando,
que pelar es una ciencia
que poca gente domina.

Según los corta y prepara
sigue comiendo, sin culpa,
el que, demasiao maduro,
se rompe cuando separa
la dura piel de la pulpa.

Pela y come, come y pela,
para ella y los demás,
que hoy fue buena la cosecha;
y el montón corre que vuela
hasta que no quedan más.
  
              


Tantos higos se comió
ese día
sin querer, burla burlando,
que el vientre se le atrancó
con tantos higos de pala

que, según fueron bajando,
le formaron un tapón
allá por la sentaera,
donde se iban atrancando,
duro como el hormigón.

La tarde se va pasando,
los higos van recociendo
el saco de la barriga,
las tripas se van quejando
y los dolores subiendo.

Serian más de las diez
cuando sintió un apretón
que, desde el ojo del culo
hasta cerca de la nuez,
dejó sin respiración.

Agarrándose a una vara
que tenía, de avellano,
pudo llegar al corral,
y apalancarse a la parra
bien fuerte, con las dos manos.

Arremangando la saya
y doblá por la cintura,
sin parar de resoplar,
se agachó, bajó las bragas,,
y…!rediós, otra apretura!

¡Que agonías, que sudores!
¡Jesús, que dolor más fuerte!
La pobre María Pardala
tenía tales dolores
que parecían de muerte.

Se apalancó como pudo
al tronco de un jinjolero,
se sujetó con las manos
las tripas, hechas un nudo,
y apretó con desespero.



Primero fue un viento seco,
endispues otro apretón
de la barriga pa abajo,
un abrírsele las carnes…
¡y una tremenda explosión!

Las semillas de los higos
saltaron con tanta inquina
que mataron tres conejos,
dos canarios de un vecino
y diez o doce gallinas.

Y fue el ruido tan tremendo
de tanta deflagración
que a una cerda que paría
más allá de Torremendo
le cortó la parición.

Nadie ha vuelto a dar memoria
de los pasos de María.
…Que se fue con un cubano…
…que la vieron por Vitoria
con un viejo de Alquerías…

Hasta dicen sí fue un OVNI
los vecinos del lugar
el qué explotó aquella noche,
mató las doce gallinas
y destrozó to el corral.

           Esta historia se remató en Murcia por su autor,
       D. Javier Cuevas Alcañiz, el veintidós de abril de 2005.
      


Con tiempo....



Con tiempo pasa el año, mes y día;
con tiempo el tigre su fiereza pierde;
con tiempo es seco lo que en tiempo es verde;
con tiempo llora quien con tiempo reía;
con tiempo el potro, que cerril se cría,
consiente silla y el bocado muerde;
y con tiempo, y sin tiempo, es bien me acuerde
que acaba el tiempo lo que el tiempo cría.

Los Alcañices.


LOS ALCAÑICES

Llegados desde los cuatro

puntos del solar hispano,

llamados por su memoria,

en un pueblo castellano

hoy se juntan diez hermanos

con su gente y con su historia.



Son los diez, si mal no cuento,

los que se encuentran presentes,

que también los dos ausentes

están en el pensamiento.



Conrado, Herminio, María,

Juan José, Daniel, Ramiro,

Angel y Lourdes son ramas

frondosas del tronco aquel

que completaron un dia

Candelaria y Rafael.



Un roble viejo y añoso

que, a fuerza de devoción,

hicieron crecer, hermoso,

Rafael y Adoración.



Y clavaron con tal fuerza

en el suelo sus raíces,

y sus frutos fueron tantos,

que los cuatro, allá en el cielo,

ven cumplidos sus anhelos

al ver que bajo su manto

tantas familias felices

entonan, como en un canto:

¡¡AQUÍ ESTAN LOS ALCAÑICES !!




                                      Leido en la primera comida familiar en Cervera del Llano.

MAYOS de las MOZAS


                                          MAYO de las MOZAS,  que se canta en Paracuellos de la Vega (Cuenca) todos los años la noche del día 30 de Abril en las ventanas de las mozas por los mozos del pueblo.
I
  Ya estamos a treinta
del Abril cumplido,
alegraos damas
que Mayo ha venido.
  CORO.-…alegraos damas
                 Que Mayo ha venido.
II
  Viene tu galán
prometiendo Mayos
con verdes pimpollos
rubios y encarnados.
  CORO.-…con verdes pimpollos
               rubios y encarnados.
III
  Encarnada rosa,
número de Apeles,
para dibujarte
no traigo pinceles.
  CORO.-…se repiten siempre los dos últimos versos.
IV
  Pinceles son plumas
y una me has de dar
de tus alas bellas
Águila Imperial.
  CORO….
V
  Águila Imperial
 el sueño reposa,
despierta si duermes
y oirás mis coplas.
VI
  Copiosos y rubios
tus cabellos brillan,
tu nariz al punto,
relumbrante, niña.
VII
  Relumbrantes son
tus mejillas bellas,
tu nariz al punto
dirección de perlas.



VII
  Perlas son tus dientes,
tu boca un clavel,
tus labios partidos
dulce panal es.
IX
  El panal sellado
que a la barba baja
es dulce y sabroso
que a la nieve cuaja.
X
  Cuaja finas perlas
señora, en tus brazos,
con diez ramilletes
de jazmín, tus manos.
XI
  Manos más preciosas
nunca las pintamos,
cuerpo más perfecto,
talle más delgado.
XII
  Delgada sois, dama,
debéis perdonar
que tanta hermosura
no pueda pintar.




XIII
  Pintaré tus piernas,
menudito el pie;
pequeñito el canto,
hechicera, es.
XIV
  Hechicera es
aquí esta Señora,
X…….. se llama,
de esta calle aurora.
XV
  Aurora sois, luces
flor de primavera,
Mayo te prometo,
sea enhorabuena.
XVI
  Sea enhorabuena
pimpollo dorado,
dime quien lo ignora
pues Mayo ha llegado.
XVII
  Señora X………….
si es de vuestro agrado
al Señor X………….
recibáis por Mayo.


XVIII
  Quiérelo mi dama,
quiérelo florido,
clavel encarnado
y encarnado lirio.
XIX
  Adió alhelí,
adiós azucena,
adiós rosa blanca,
adiós rosa bella.
XX
  Blanquea la aurora
y le dice al sol:
espejo brillante,
quédate con Dios.
XXI
  Quédate con Dios,
que el Mayo se queda
con mil resplandores
a tu cabecera.
FIN






  Copia realizada en 23.Abril. 1988 por Virgilio Cuesta Sahuquillo  de una copia a su vez de Florentino Naharro del original en 1962.
  Editado en Word por Javier Cuevas Alcañiz, desde la dicha copia escaneada y facilitada por Juan Ramón Cuesta Parres, el 30 de abril de 2013.


La Perdiz, Los Maquis y el Molino Bartolo. Parte II

LOS MAQUIS.

El maquis,1 también conocido como la guerrilla, Resistencia española o GE (Guerrilleros Españoles), fue el conjunto de movimientos guerrillerosantifascistas de resistencia en España que comenzó durante la Guerra Civil. El casi inmediato estallido de la Segunda Guerra Mundial sorprendió a gran parte de los excombatientes republicanos en territorio francés; muchos de ellos se incorporaron a la Resistencia francesa en lo que fue la Agrupación de Guerrilleros Españoles. A partir de 1944, con los ejércitos alemanes en retirada, muchos de estos guerrilleros reorientaron su lucha antifascista haciaEspaña. Pese al fracaso de la invasión del Valle de Arán en ese año, algunas columnas consiguieron progresar hacia el interior y enlazar con las partidas que habían permanecido en el monte desde 1939.
El periodo de máximo apogeo guerrillero fue el comprendido entre 1945 y 1947. A partir de este año se intensificó la represión franquista, que poco a poco fue terminando con las partidas o grupos. Muchos de sus integrantes murieron o fueron detenidos (lo que en muchos casos supuso igualmente la muerte), otros escaparon a Francia o Marruecos. En el año 1952 se procede a la evacuación de los últimos contingentes de importancia. Desde ese año, quienes aún resisten en el monte, negándose a elegir entre exilio o muerte, luchan ya casi exclusivamente por la supervivencia. El final del maquis lo marcan las muertes de Ramón Vila en 1963 y de José Castro en 1965.
                                                                                                   (Wikipedia)
 
Maquis


   Según le oí contar en varias ocasiones, mi padre había tenido contacto frecuente con maquis en los Hospitales Militares de Jaca y Zaragoza, donde hizo su Servicio Militar como Practicante, tras iniciar sus estudios como tal en el Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid.
  En esa  zona próxima a la frontera francesa, era más frecuente y abundante la presencia de miembros del Maquis, bien residentes o bien de paso hacia otras regiones de España. Y, en consecuencia, no eran infrecuentes los enfrentamientos entre miembros del Maquis y fuerzas de orden público, principalmente Guardia Civil, el grupo de las fuerzas del estado más utilizado en la represión de cualquier movimiento de oposición al Régimen, y por tanto en la lucha contra los Maquis.
  Con  algunos de los heridos en esos enfrentamientos, llevados al Hospital Militar de Jaca, tuvo contacto mi padre, como Practicante que debió atenderles y con el que establecieron cierto grado de confianza que le llevó, en alguna ocasión, a ayudarles, depositando en Correos de forma clandestina, alguna carta de estos, dirigida a su familia, dándoles noticias de su suerte. O más bien, de su mala suerte.
  Referíanle algunos cómo en numerosas ocasiones habían tenido en el punto de mira de sus fusiles a patrullas o destacamentos de soldados, dejándoles pasar sin un disparo, ya que eran, en su mayoría, simples paisanos, soldados de reemplazo, que bastante tenían con soportar su frío, su hambre y sus piojos lejos de su casa, a cambio de nada. No ocurría así con la Guardia Civil, pues estos habían hecho de ello su oficio y forma de vida, siendo el primer y más encarnizado de sus enemigos, y el primer instrumento de represión de cualquier movimiento de rebeldía o, simplemente, de reivindicación. Y el sentimiento era mutuo.
  Era nuestro pueblo el centro geográfico de una zona activa de la guerrilla comprendida entre los términos municipales de Minglanilla, Motilla del Palancar, Almodóvar, Monteagudo de las Salinas y Cardenete, extendida con frecuencia a la zona de las Hoces del Cabriel. Dado lo accidentado de su orografía fue refugio de los últimos Maquis que se movieron por la provincia de Cuenca. Y que, a esas alturas, más que un movimiento guerrillero eran pobres supervivientes echados al monte como única forma de supervivencia de algunos significados opositores al Régimen del General Franco o, a veces, solamente familiares de estos que se escondían de las represalias de la Guardia Civil.
  Alguno de los más viejos del lugar quizás recuerden el nombre de “El Manco de la Pesquera” uno de los últimos y más conocidos  que se movieron por esos lares.
Basiliso Patrocinio Serrano Valero, nacido en el término municipal de La Pesquera, próximo a Minglanilla, en la casa llamada de “la cirujana” en el paraje de “El Molinillo”, en abril de 1908.
  De este hombre, tenido por buena persona y no como enemigo por las gentes de aquellos pueblos, y respetado incluso por sus enemigos, se cuenta que llegó incluso a comer en alguna ocasión con el mismo Gobernador Civil de Cuenca.
  De su buen carácter habla una anécdota que se contaba, del principio de la Guerra Civil, cuando un grupo de milicianos pretendió fusilar al Cura de su pueblo, y él lo impidió diciendo “Aquí no sobra nadie. Si acaso lo que falta es  pan para todos”. Con acciones similares se ganó el respeto de amigos y enemigos.
  Pero esta es otra historia que alguien, con más conocimientos que yo, podrá contar mejor.
  El caso es que por lo referido a la situación geográfica de nuestro pueblo con relación a los maquis, los mandos del Cuartel de Campillo de Altobuey tuvieron a bien poner un pequeño destacamento con tres o cuatro de ellos en Paracuellos.
  Nosotros vivíamos por aquel entonces en una casa que era de Leonor y Virgilio, el padre de Pedro y Mariluz.  Y más de una noche se sentaron junto a la lumbre bajo la gran chimenea que había (y creo que hay) en la cocina-comedor-sala de estar de la casa.
  Y allí les oí hablar de los maquis y a mi padre contar sus historias con ellos en el Pirineo. Yo, al fin y al cabo, solo era un güacho sentado en un rincón escribiendo cien veces en cualquier papel “se escriben con b las palabras terminadas en bir, menos hervir, servir y vivir”. Cosas de D. Roberto.
Guardia Civil.
  Solo recuerdo el nombre de uno de ello, el Sr. Martín, y su mujer, la Sra. Micaela, con los que después de que se suprimiera el destacamento de Paracuellos y volviesen al Cuartel del Campillo, seguimos manteniendo relación, y no fueron pocas las ocasiones en que, años más tarde y tras merendar en mi casa, que por entonces estaba junto al “Cercao”, mi madre se despedía alargándole un talego con alguna torcáz o conejo y diciéndole  “déle esto a la Sra. Micaela”.


El Molino Bartolo. Parte III

  
El Molino Bartolo.

   El siguiente relato, como el fácil deducir, no es fruto de la propia experiencia, en la forma en que lo fue el relato de la primera parte, sino el recuerdo hilvanado de comentarios ocasionales, conversaciones oídas al calor de la lumbre posteriores a los hechos acaecidos y más tarde, al relato de mi padre, involuntario y obligado testigo de parte de los sucesos que se desarrollaron una noche de luna llena en el Molino llamado de Bartolo, en un escondido y abrupto rincón al sureste del termino municipal de Paracuellos de la Vega.
   Como recuerdan los más viejos del lugar, y algunos que no lo son tanto por relato de sus padres, en aquellos años de mediada la década de los 50 no era infrecuente y por todos  sabido y callado, o como mucho, comentado en voz baja en las largas veladas de invierno, mientras se desgranaban las panochas de panizo o se cortaban y troceaban las coles, remolachas o patacas con que alimentar al ganado recluido en las tainas (o tinadas, dicho en fino) por las largas y copiosas nevadas de aquellos años… vamos para atrás, que el abuelo se enrolla como las persianas.

   Decía que no era infrecuente que las gentes del pueblo, en su ir y venir por el campo con su par de mulas, labrando un cachujo de tierra o acarreando una carga de leña, viesen por alguna trocha del monte o al trasponer el recodo de un camino, las siempre precavidas y huidizas figuras de alguno o algunos de aquellos hombres, antaño opositores políticos o militares del Régimen de Franco y hogaño meros y angustiados supervivientes, echados al monte, de lo que fue, o quiso ser,  un movimiento de guerrillas integrado por antiguos miembros de la CNT y de otros grupos de izquierdas fieles a la República y contrarios, por tanto al Alzamiento Nacional.
  Eran personas de los pueblos próximos que un día tuvieron alguna relación con el movimiento Maquis (“maquisards” franceses), que se organizó en el sur de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, formados por huidos y exiliados de la Guerra Civil Española con la ilusión ánimo y esperanza de, mediante la guerra de guerrillas que otrora tan buenos resultados diese a los españoles, desestabilizar al Régimen y propiciar la vuelta de la República y la Democracia. O solamente familiares que huían del acoso y presión de la Guardia Civil para que delatasen a los huidos.
   Estos Maquis no suponían ningún peligro real para los campesinos de los términos por los que se movían, ni mantenían contacto habitual con los mismos, salvo en las contadas ocasiones en que se acercaban a los caseríos aislados en el campo en demanda de  provisiones de subsistencia o de cualquier producto de lo poco que ofrecían aquellas tierras a sus pobres trabajadores. Y cuando se hacía mención a ellos era con una mezcla de temor ante los desconocidos y admiración y respeto hacia los valientes “echados al monte”.
  Recurrían estos en algunas ocasiones a los servicios, bien de grado o con cierto contenido de amenaza  y coacción, de caseros aislados en molinos o casas de campo para que les comprasen productos necesarios, tabaco o ropa, que ellos mismos no podrían comprar, al no poder acercarse a los núcleos de población por temor al apresamiento por la Guardia Civil, que lógicamente tendría vigiladas tiendas y tabernas por ser posibles puntos de abastecimiento.
   Y este parece que era el caso del Molinero del Molino Bartolo, quien, no supe nunca si de grado o por fuerza, servía de correo, enlace y suministrador de los tres Maquis que se escondían por aquellos lares. Así como, a veces de refugio en los días más crudos del invierno.
  Al tiempo la Guardia Civil tuvo conocimiento de esta relación y urdió un plan para atrapar a los Maquis que por allí quedaban.
   Sobre el techo de la única estancia del molino, a la vez cocina, comedor y zona de estar, se encontraba un altillo o cámara al que se tenía acceso solamente por una trampilla disimulada entre los revoltones del techo, justo sobre la única mesa de la estancia, y con la sola comunicación con el exterior de un ventanuco que servía de respiradero, abierto al aire del monte para que el frió y el aire ayudasen a curar los cuatro derivados de la matazón del pobre cochino que proveía de carne la olla del molinero.
  El plan era sencillo e ingenioso. En lo alto del altillo esperaría la pareja de la Guardia Civil la llegada de los Maquis cuando fuesen a recoger el condumio que el molinero les hubiese comprado en la tienda de Heraclio, la única del pueblo.
  Cuando estuviesen dentro, el molinero, con la excusa de buscar leña para la lumbre, saldría de la casa, atrancando la puerta por fuera, momento que aprovecharían los civiles para abrir la trampilla y sorprender y apresar a los maquis. Sencillo.
  Y así, en los días en que el molinero subía al pueblo a comprar suministros, una pareja de números de la Benemérita se apostaba en el altillo esperando el anochecer y la llegada de los maquis.
   No fueron pocas las noches que los guardias pasaron en el molino esperando la llegada de los fugitivos, pero con pobres resultados, ya que si bien nunca dejaron de pasar a recoger sus encargos, siempre entraba en el molino uno solo de los maquis, esperando los otros dos, desconfiados, a una prudente distancia de seguridad, no atreviéndose los guardias a apresar a uno dejando escapar a los otros.
  Pensando en como reunir a los tres maquis en el molino  alguien cayó en la cuenta de  que unos días más tarde era el cumpleaños de la mujer del molinero y que este subiría al pueblo, como hacía un par de veces al mes, para comprar en la tienda y algo un poco más apetitoso para celebrar el cumpleaños de la mujer. Y de paso, algún “cuarterón” de tabaco para sus forzosos inquilinos.
  Y casualmente era una noche de luna llena que, si los nubarrones no la ocultaban, proporcionaría claridad suficiente para desenvolverse en el campo. Entonces no se había inventado la “contaminación lumínica” y cualquiera podía ver en las noches de luna llena casi como en pleno día. Y si no, que le pregunten a los cazadores “maduritos” por los buenos momentos para hacer una espera a las liebres.
   Antes del atardecer ya estaban los guardias apostados en el altillo del molino, esperando nerviosos la llegada de los guerrilleros.
   Y, efectivamente, al oscurecer llegó uno de ellos a recoger el suministro, quedándose los otros en la linde del monte, como siempre.
   - ¿Y los compañeros? Preguntó el molinero.
   - Por ahí. Respondió el maquis.
   - Es que hoy es el cumpleaños de la parienta y ha preparado un conejo con pisto y unas chullas de jamón, y me he traído de la tienda dos cuartillos de vino. Pa celebrarlo. Poca cosa es, pero lo ha hecho con agrado.
   - No se…. Dudó el buen hombre.
   - No, si lo ha hecho con gusto, pero que se temía que le hicierais el feo. Que lo entiende. Aunque tampoco será mucho rato, y la noche está buena para andar por el monte.
  - Espera.
 Y volvió donde estaban sus compañeros que, tras unos momentos de indecisión, se decidieron a acudir al molino.
  Entraron, dejaron los fusiles que llevaban apoyados en la pared, al alcance de la mano, o colgados en el respaldo de la silla de anea.
  Así, entre bocado y trago, fueron dando cuenta del magro convite hasta que, cerca de terminar, el molinero, mirando la lumbre que empezaba a menguar, se levantó, diciendo
- Voy por una brazá de leña…
  Algo raro debía flotar en el ambiente, o en la mirada del molinero, porque uno de ellos, el que parecía llevar la voz cantante, dijo
 -Que vaya la mujer…
Y mientras esta salía a la puerta, como al descuido, agarró el fusil.
 La mujer salió, pero sin tiempo para cerrar la puerta.
 Arriba los guardias contenían a duras penas la respiración, temiendo delatarse y echar a perder todo el plan.
  A partir de este momento todo ocurre con extraordinaria rapidez y confusión. Los guardias, al contarlo, no lo tienen tampoco demasiado claro. Lo cierto es que en un mismo momento se abrió la trampilla, con los Civiles asomando sus “naranjeros” al grito de
 -¡Alto a la Guardia Civil!
 -¡Nos has traicionado! Gritó el maquis dirigiendo su fusil al molinero, que salvó su vida de milagro al agacharse a coger un hacha de mano que había dejado, como al descuido, cerca de la mesa, aunque no sin resultar herido por el disparo.
  El que disparó salvó de un salto la distancia hasta la puerta, mientras los guardias disparaban desde el altillo, alcanzando a uno de ellos, que quedó malherido en el suelo.
  El molinero, antes de que el otro maquis pudiese dispararle, alcanzó a lanzar un hachazo que alcanzó a este causándole una herida en la cabeza que no le impidió salir huyendo.
  Cuando bajaron los Civiles encontraron al molinero, con una herida en el hombro izquierdo, y al maquis, caído en el suelo, herido de gravedad.
  De los otros dos, ni rastro de momento.

  Estábamos ya acostados cuando llamaron a la puerta de casa, preguntando por el Practicante. Era otro Guardia Civil, que dijo a mi padre que cogiese material para curar a dos personas, y se lo llevaron con ellos.
  Volvió clareando el día, sin contar que había pasado ni adonde había ido.
- Cosa de la Guardia Civil. Contestó a la mirada interrogatorio de mi madre.

  Algunas noches, junto a la lumbre donde se asaban unas patatas y algún chorizo, el Sr. Martín, el Civil, desgranó algunos detalles de lo que acabo de contar.
  Al Maquis malherido lo llevaron, creo que a Cuenca, porque ni ellos mismos sabían que había sido de él.
  Al día siguiente, junto al río, más arriba del Molino, encontraron rastros de sangre y unos trapos ensangrentados, de curarse el maquis que había herido el molinero.
  Parece ser que, siguiendo estos rastros, unos días más tarde localizaron, cercaron y redujeron a los dos maquis en una cueva oculta tras unas matas en un paraje que llamaban el Cerro del Águila.
  Al parecer, uno de ellos se encontraba enfermo, con fuerte fiebre por la herida de la cabeza, y el otro se entregó, con la condición de que atendiesen a su compañero.
  De ellos, como de otros tantos en esa época, no se tienen más noticias.

 Así lo recuerdo y así lo he contado. No se si realmente ocurrió tal cual, pero salvando la posible inexactitud de los detalles, esta es la historia de los extraños sucesos del Molino Bartolo. 
  Poco después, el molino quedó abandonado y el destacamento de la Guardia Civil de Paracuellos volvió a su Cuartel, en Campillo de Altobuey.